Notas

El Matienzo

 
 

El Club Cultural Matienzo es un lugar donde da gusto ir, es como ir a la casa del amigo con los viejos buena onda. El Matienzo  queda  en el límite entre Palermo y Belgrano y es un cultivo de talento. Uno puede ir a escuchar una banda, ver una muestra, una obra de teatro o una película; todo eso mientras se come una rica pizza. Las puertas siempre están abiertas.

 

Con curiosidad de saber más sobre esto que llaman Club Cultural me encontré con Agustín Jais, Claudio Gorenman, dos de los socios fundadores, y Luz Peuscovich, una de las coordinadoras del espacio  de artes visuales Nos sentamos en la terraza y de nuevo me sentí tan cómoda como en casa.

Luz, Claudio y Agustín van a empezar contándome que el CC Matienzo nace de una fusión entre una productora cultural y una organización para estudiantes extranjeros a mediados del 2008. “Hacíamos fiestas, partidos de fútbol y otras actividades, pero sentíamos la necesidad de tener un espacio propio. Nos juntamos con los otros dos chicos, Juan y Sabrina, de la productora  y tuvimos la idea de compartir una casa y abrir un club”, recuerda Agustín que sigue explicando que el quinto socio, John que vivía en Alemania.

Entonces la idea estaba y el equipo también. ¿Y la casa? ¿Cómo la consiguieron?

Claudio: Estábamos en la búsqueda, habíamos visto otra por la zona de Palermo, pero no era más que un plan. Un día mirando en internet, me encontré con esta,  vine con el resto de los chicos y dijimos “es acá”,  era el espacio ideal. Nos enamoramos y decidimos alquilarla.

El Club Cultural se subdivide en áreas relacionadas a las distintas artes que lo mantienen vivo. Entre ellas está el espacio de artes visuales y se llama “MATIENSCHÖN” .

“Juan Aranovich, unos de los socios, me propuso ser parte de Matienzo con el propósito de crear  la parte de artes visuales” explica Luz que aceptó bajo dos condiciones: Poder tener  buenas luces y poder trabajar con sus dos amigas Camille Cousin y Manuela Trujillo.

Ellas tres trabajaron durante un año y medio de manera muy intensa hasta que se cansaron. Era demasiado trabajo e ideas y creatividad empezaba a agotarse. “Tomamos la decisión de ampliar el equipo. De ahí en adelante el objetivo fue alcanzar otros horizontes y propuestas más allá de la curaduría tradicional. Pasó a ser un proyecto colectivo”. Las tres chicas desarrollaron un nuevo formato de trabajo en equipo flexible donde artistas y curadores pueden invertir sus roles. “Esto da como resultado que cada proyecto sea particular y único”.

¿Cuál es el criterio de selección de artistas? ¿Buscan tener un perfil estético específico?

Agustín: No tenemos un perfil estético definido pero tampoco aceptamos cualquier cosa. Intentamos darle visibilidad a lo que está sucediendo en la escena emergente local. Por sobre todo nos interesa trabajar con gente profesional, que se tome lo que hace en serio, le damos un espacio a aquellos que quieren empezar una carrera y desarrollarse.

A medida que la charla avanza, que las respuestas se vuelven cada vez más compartidas, la simbiosis entre los compañeros del Matienzo es llamativa. ¿Se podría decir que el trabajo en equipo es la clave de su éxito?

Luz: La creación de redes es la clave de Matienzo. Buscamos  nutrir a cada artista/productor  y a cada proyecto de la mejor manera posible.

Agustín: Queremos gente abierta, que esté dispuesta a encarar el proceso colectivo, a involucrarse con nosotros. Nos sentamos todos a  la misma mesa y trabajamos juntos, esa es nuestra elección.

Una de las grandes intrigas que rodea al CC Matienzo es la cantidad de gente que ahí trabaja. Es seguramente uno de los espacios culturales con mayor staff en la ciudad, los mismos socios estiman que son unas 80 personas aunque no lo saben a ciencia cierta.

Su estructura tiene una estructura similar a la de un sistema solar; muchas de las áreas de contenido funcionan de forma autónoma e independiente pero  bajo una coordinación central.Mantenemos un vínculo y les damos apoyo estructural pero se manejan de forma independiente. En números generales somos cinco socios, una comisión directiva de once personas y un grupo muy activo de cincuenta en las distintas áreas de programación”, explica Agustín intentado dar números respecto del equipo.

Para explicar la dinámica de trabajo Claudio agrega que el “Matienzo te  abre las puertas  con la condición de que aceptes lo que nosotros proponemos: hay que entregarse, participar, abrirse y poner el cuerpo.” Trabajar en éste Club Cultural permite soltura respecto de cumplir horarios o estar presente. “No es necesario estar acá todos los días, ni generar proyectos todo el tiempo” concluye.

Una de éstas áreas satélite está  relacionada al área legal en el mundo de las artes, un campo al que tanto artistas como abogados suelen huir. Demasiado estructurado para unos, demasiado creativo para los otros. Eso dejó durante años un vacío de conocimiento al momento de llevar adelante proyectos culturales.  ¿De que se trata Abogados Culturales?

Claudio: Abogados Culturales surge como una necesidad.  El área de cultura de la Ciudad de Buenos Aires tiene un gravísimo problema y es que la ley no contempla a los nuevos modelos de gestión ya que sostiene que para poner un espacio tenés que ser un empresa, algo hoy en desuso. Los nuevos modelos, colectivos culturales y productores responden a otras reglas. Lo que termina sucediendo es que tenés una ley que funciona de una manera y una cultura que funciona de otra. En ese agujero del medio queda atrapado éste universo de personas, proyectos y espacios que no saben como hacer para subsistir sin tener una multa o ser clausurados. Además de ser socio de Matienzo soy abogado y por eso terminé ocupando un lugar de socorrista. La gente empezó a decir “si pasa algo llamemos  a Claudio”. Es algo muy lindo porque te da la posibilidad de ayudar a otros.

El problema fue que ante la gran necesidad de cubrir baches legales el trabajo se volvió demasiado para Claudio y así nace Abogados Culturales. Para seleccionar a los participantes se sacó una convocatoria que fue ridículamente exitosa, se presentaron 120 abogados, de los cuales 40 fueron seleccionados y se hizo una capacitación de seis semanas. “Desde entonces logramos la apertura de un espacio, levantamiento de clausuras y presentamos una charla sobre propiedad intelectual” dice Claudio orgulloso de lo conseguido en tan poco tiempo.

En el país del “no se puede”, este grupo de productores, gestores, artistas y, claro, abogados encontró el modo de convertir un sueño en realidad. ¿Que es lo que más les gusta del Club Cultural Matienzo?

Agustín: Que confluyen aspiraciones personales, profesionales, sociales, la posibilidad de que mi trabajo pueda ser transformador para otros.

Luz: Ser parte de un equipo de personas tan increíble, creativo, impulsado por sus pasiones y creencias más profundas, con ideales muy fuertes y una necesidad de querer cambiar el mundo.

Claudio: Que rompe con la idea de que todo hay que hacerlo por plata, de que tenés que hacer todo solo. Empuja la idea de que entre todos podemos hacer algo mucho mejor, acá generamos identidad colectiva. Abre puertas en lugar de cerrarlas.

En cuatro años pasaron de ser una idea a ser uno de los espacios culturales más prolíferos de la ciudad, ¿Dónde imaginan a Matienzo en cuatro años?, ¿Cuáles son los próximos proyectos?

Agustín: El plan para el año que viene es mudarnos. Eso nos va a permitir tener mayor visibilidad e institucionalidad, expandir las redes e innovar en el tipo de eventos, actividades y proyectos que queremos desarrollar. Algo que sí sabemos es que esto es un proyecto a largo plazo.

Claudio: No sabemos a donde estamos yendo pero si sabemos el camino que estamos haciendo. Armamos un proyecto que está basado en valores y eso no lo vamos a cambiar.

Luz: Me imagino algo similar a lo que está sucediendo hoy pero mucho más grande, trabajando con muchos artistas, compartiendo y, sobre todo, creciendo y dando todo de mí.

PARA AGENDAR:

Fiëbre:Mestizo Arts Festival Buenos Aires

Viernes 21 de diciembre, 21 hs, $20

Fiëbre es una plataforma para actividades culturales en Bélgica. Fundada en 2005 por iniciativa de los artistas y productores argentinos Gerardo Salinas y Lucila Guichon, residentes en Amberes, se centra en favorecer cruces y mestizajes, con un ojo puesto en las culturas abiertas de América Latina y su posible vinculación con la región flamenca. 

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Revista La Curandera / Buenos Aires, Argentina / Copyright 2012 / Staff