Notas

Apatía & desencanto

 
 

Apatía & desencanto

Por Eugenio Palma Genovés

En Berlín se caía el muro al ritmo de madrugadas de Buenos Aires: Nave Jungla, Ave Porco y El Dorado replicaban el sonido de una nueva generación. Los medios de comunicación saturaban a una clase media que sufría la apatía y el desencanto de la mano del sida, el grunge, y el aumento de la tasa de divorcios. Para festín de la MTV, Nirvana editaba su Nevermind y Winona Ryder bailaba My Sharona. Y mientras todo esto ocurría, en un monoambiente en el centro de Toronto, el novelista Douglas Coupland definía a los hijos de esos tiempos como una cepa sin nombre en su primera novela Generación X (1991).

Nacido de padres canadienses a principios de los 60 en una base aérea alemana, Coupland desarrolló un espíritu nómade a través de los años. Sus inquietudes lo llevaron por múltiples destinos tanto geográficos como profesionales. Antes de comenzar a escribir en revistas de cultura, estudió artes y diseño en Tokio, Honolulu y Milán. Y Justamente ese sería uno de los pilares fundamentales en su trabajo como novelista: la minuciosa descripción visual de los entornos donde sus personajes se desarrollan. Pero claro está, hay mucho más que detalles de estilo y decoración en sus páginas.

El éxito le llegó de repente, con ese primer libro publicado y a partir de ahí fue como una carrera de postas dónde cada año y medio había un nuevo Coupland en la mesa de novedades. Pero esto no significó que su trabajo se automatizara o bajara de calidad. Si bien en su docena de novelas hay altibajos, Douglas se zarpa desarrollando personajes. Y hay que decirlo, eso es una de las cosas que mejor le salen. En su universo de dinámicas disfuncionales, familias psicóticas, repositores de supermercado y pequeñas reinas de belleza, cada uno de sus protagonistas está retratado obsesivamente en sus gestos y señas particulares, cuidando los más mínimos detalles de su entorno, con innumerables referencias a marcas y productos del mundo del consumo.

Así se sucedieron Planeta Shampoo (1992), Microsiervos (1995) y Miss Wyoming (1999), pero a medida que se alejaba de los '90 su obra fue ampliando el rango, logrando algunos de sus textos más reflexivos y oscuros. También comenzó a utilizar elementos sobrenaturales o mejor dicho, relatar eventos de baja probabilidad como un impacto de meteoritos o desastres aéreos.

Con marcadas influencias de Truman Capote, Kurt Vonnegut y Andy Warhol, su obra supo construir un puente entre la literatura y las artes visuales. Aprovechó como nadie sus conocimientos de diseño y supo implementarlos en sus páginas. Todo siempre estuvo pensado: tapas novedosas, tipografías únicas y grillas con columnas interiores dinámicas. Esto hacía que el ejercicio de leer sus libros nunca fuera monótono. Y como Coupland no es de conformarse facilmente, entre novela y novela se hizo huecos para generar su propia obra de artes visuales. Eso lo llevó a exponer sus muestras alrededor del mundo.

Durante el año 2008 supervisó la serie de televisión Jpod, basada en su novela del mismo nombre. En esta oportunidad su mirada se centró en un grupo de desarrolladores de Software y juegos para internet. El tono irónico enmarcó las dinámicas propuestas entre los personajes, haciendo foco en la madre del protagonista: una ex hippie cincuentona que durante el día se desempeña como ama de casa y de noche se transforma en dealer de marihuana.

Su última novela editada, Generación A, revisita los planteos desarrollados a comienzos de su carrera. La gran victoria de A tiene que ver justamente con no querer ser una versión añejada de X. Y si bien nunca volvió a tener el éxito de ventas o impacto social conseguido con su primera novela, su verdadero logro a lo largo de los años fue entender a la clase media mucho mejor que sus contemporáneos. Marcando como rasgo más característico de esta clase la capacidad para posponer el placer.

Que los alternativos ´90 se acabaron hace tiempo lo sabemos todos. Pero para los melancólicos outsiders indigestados de pop, la propuesta es simple y sin tener que recurrir a la máquina del tiempo de Lost. La dupla de Cobain en Nevermind y Coupland en Generación X garpa el pasaje y reivindica ese olvidado derecho a no pedir, comprar ni vender nada y tener mínimas expectativas a la espera de una improbable jubilación. Eternos adolescentes de corazón apático a los que la vida los engañó, que extrañan los brazos de mamá, los días de colegio y la posibilidad de una queja constante: esto es para ustedes. 

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Revista La Curandera / Buenos Aires, Argentina / Copyright 2012 / Staff