Notas

Un arqueólogo de los valores humanos

 
 

Un arqueólogo de los valores humanos

Por Manuela Hansen

Hace más o menos 100 años, las vanguardias gritaban: “llevemos el arte a la vida y construyamos nuevos valores”. En el slung artístico decimos que ésta fue la utopía de sus propuestas, porque a fin de cuentas, el arte circulaba en una pequeña elite de artístas jóvenes y rebeldes.

Hoy, en un rincón del mundillo del arte contemporáneo, un artista nos hace pensar que esta utopía parece haberse convertido en realidad. Él es Julien Friedler, un psicoanalista belga discípulo de Lacan que decidió abandonar su profesión y dedicarse al arte. En 2006 creó la fundación Spirit of Boz para promover el arte contemporáneo. Su proyecto, Be Boz Be Art, trabaja en casi todo el mundo. Desde Rwanda, Togo, Java, el Tibet, hasta New York, Bruselas, Berlín y por suerte, nuestra Buenos Aires.

Para Friedler, “los valores han muerto” y por esto, casi como un prédica Nietzscheana, propone construir y restaurarlos y ¿con qué mejor que con el arte? Es así que Be Boz es un proyecto artístico y humanístico a la vez.

¿Escuchaste hablar del arte relacional? Bueno, su propuesta tiene que ver con esto. Es un arte que es arte porque interrelaciona a las personas y busca revitalizar estas relacionas, que mediatizadas por el objeto en una sociedad de consumo, se deterioraron. Lo interesante de esta movida de intercambio de la que se viene hablando como “be boz”, es que busca proyectar el arte a la sociedad y no llevar la sociedad al circuito artístico. Julien Friedler entiende al arte como una especie de ghetto, de show. Podemos interpretar sus acciones exactamente como lo contrario al Pop. Si Warhol llevó las latas Campbell al museo, esto es al revés: es salir del show, es llevar el arte a la praxis vital.

Be Boz nos hace pensar que lo que en las vanguardias era una utopía, hoy podría ser real. Por ejemplo, Celestial Tramp es uno de los proyectos y está dedicado sólo a personas en situaciones de exclusión y extrema pobreza. Consiste en encuentros en donde se brindan materiales para diseñar, pintar, dibujar o incluso no hacer nada. Lo importante aquí es restaurar las relaciones humanas y a partir de acá, las consecuencias son impredecibles. En Uganda, estos talleres se televisaron y así un niño fue adoptado y descubrió una familia, un lugar donde dormir y donde estudiar.

Lo que hoy está realizando en Buenos Aires es Alrededor del Boz en 80 años, un proyecto colectivo y abierto a todo el mundo. Las personas se reúnen para responder preguntas existenciales como ¿Quién soy, existe Dios, cómo ves el futuro? Estos testimonios en papel formarán parte de la megainstalación Forest of Souls, que se llevará a cabo el año que viene en una plaza de Bélgica y a partir de acá, en las ciudades donde la fundación trabaja. Serán columnas de metal conformadas por 10 cajas y dentro de cada una habrá 500 testimonios. Las columnas de metal inmortalizarían la fragilidad del papel y la ambición es, finalmente, capturar la impresión del alma del mundo, formar un bosque de almas, construir una cartografía de nuestros valores.

En materia de estética, lo interesante de esta obra es que es una cuestión de tiempo. Ya se han registrado miles y miles de “almas” y para concluir la obra, necesitaremos de tres generaciones y miles de personas más. Es un proceso que nos recuerda a la edad media y a la construcción de las catedrales góticas, donde todos aportaban una piedra y donde cada uno era fundamental para su construcción. Así, la obra no tiene un único autor, sino que es un corpus anónimo, plural y colectivo.

Te recomiendo acercarte a la movida “Be Boz”. Podrías ser un autor más de Forest of Souls y contribuir a esta arqueología de los valores humanos. 

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Revista La Curandera / Buenos Aires, Argentina / Copyright 2012 / Staff