Notas

Matienzo #MUDADO

 
 

Matienzo #MUDADO

Por Ammiel Elía

Y después de la tan esperada y difundida #Mudanza, el Matienzo se fue. Dejó lo que era su cuna, abandonó la calle que le dio su nombre y se fue a Pringles 1249. Se expandió, se potenció sin perder su espíritu. "Es otra cosa" dirían algunos. Y con razón, porque cambió de espacio, de dimensiones, de recovecos y hasta de clima. 

La nueva casa tiene estudio de radio, sala de cine, espacio de exposiciones, tres barras, terraza, mediateca y un salón principal con capacidad para 300 personas.  La energía puesta para generar ese lugar se trasluce en cada espacio, en cada detalle, en las intervenciones que visten cada pared, en los grafitis, los pequeños vinilos y hasta los baños. Y esa fuerza no quedó en la mera estética, sino que el espacio propició el terreno para nuevas expresiones y un desborde de propuestas que están a la altura, sino más.

Entre los pasillos y recorridos de las salas del Matienzo pueden encontrarse espectáculos geniales, como Warnes, la obra de Martín Urruty que se presenta todos los martes y jueves hasta fin de año en la sala A. Salas llenas de risas y tensión, de empatía y conmoción, cada escena se gana el eterno aplauso del final.

Matienzo se afirma como un lugar de resistencia y hogar de la vanguardia. Aloja manifestaciones que prueban que la tecnología sigue siendo una herramienta a descubrir, que el arte aún tiene cosas que decir. El evento Díptico de música visual reúne performances como 1892 de Hernán Huguet y José María D'angelo, La memoria del tiempo, de Nicolás Testoni y Raúl Minsburg, y las visuales de Al ver verás, que despliegan una suerte de ritual 2.0 en el que cada movimiento, leve y sutil, se torna trascendental y emotivo.

La vanguardia no termina, y las propuestas continúan porque el Matienzo se infla y se llena de más contenidos. Con crítica social, con estéticas que permiten pensar y sentir “fuera de la caja”, propone una ciudad enajenada de todo lo que esté más allá de su bullicio. Con una sala llena de gente de fiesta, Pollerapantalón, demuestra que hay espacios que alojan movimientos resbaladizos de algunos a los que el mercado todavía no pudo conformar con sus “cuarenta principales”.

Con todo, la pequeña cueva del under que era Matienzo, esa trinchera se volvió palacio. Ya no se esconde y oficia de catapulta en un micromundo de artistas rabiosos por seguir conmoviendo en masa y gritar más fuerte que los bondis y las radios. 

Entregas anteriores de Ammiel: Oreja Negra / Jam de Dibujo

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Revista La Curandera / Buenos Aires, Argentina / Copyright 2012 / Staff